Energía

por Aitor Grandes — 2020-01-27

La energía vital es el combustible que todos necesitamos para alcanzar nuestros objetivos. Sin energía uno va de bache en bache lamentándose constantemente.

Fundamentalmente para tener energía hacen falta tres cosas fundamentales. Si alguno de estas cuestiones falla es difícil contar con el combustible necesario para conseguir nuestros objetivos. Personalmente he tardado mucho en darme cuenta de esto. Te diría que 40 años. Pero no es tarde si la dicha es buena. Y lo mejor de todo es que los efectos son inmediatos.

Las tres patas del banco de la energía son: el descanso, la comida y el ejercicio físico.

A continuación, te cuento cómo organizo yo cada una de estas facetas de mi vida. En un momento donde creo que he encontrado cierto equilibrio.

Descanso

El descanso es fundamental para obtener un buen rendimiento en cualquier cosa que te propongas. Piensa en los deportistas de élite. Para su éxito, son tan importantes las fases de intensidad máxima como las fases de recuperación donde se asimila el trabajo previo. En la vida y en el mundo de los negocios pasa lo mismo. Si no creas unas buenas rutinas de descanso lo más fácil es que te rompas, como le ocurriría a un deportista que no descansa y no recupera sus músculos.

En este sentido, piensa y diseña tu rutina de descanso. No vale dejarlo para el fin de semana. El sueño no se recupera. Si te ayuda te puedo contar cómo lo hago yo.

Hasta hace un año, básicamente era una persona que se acostaba tarde y a la que le costaba levantarse por la mañana como le ocurre a un porcentaje altísimo de la población que sigue este mismo patrón. Sobre todo, en España. Me acostaba a las doce o doce y media de la noche y me despertaba sobre las siete y media u ocho de la mañana. Llevaba a los niños al cole y luego iba a la oficina. Con el consecuente atasco. Al final nunca llegaba a la oficina antes de las 10:00 a.m .

Un día le comenté a mi mujer que este horario me estaba matando. Que me gustaría estar en la oficina a las 7:30 a.m y aprovechar esas primeras horas de la mañana para sacar el trabajo más importante del día. Para poder hacer esto, tuvimos que cambiar la tarea de llevar a los niños al colegio. El caso es que ahora me levanto a las 6:00 a.m . Tomo un café descafeinado con leche de avena y dos tostadas con aceite de oliva de primera calidad. Y luego me voy al trabajo. Llego sobre las siete y media de la mañana. Madrugar hace que me acueste pronto. Normalmente a las diez de la noche.

Este pequeño cambio ha multiplicado mi productividad. Me concentro mejor, trabajo más en menos tiempo y, sobre todo, descanso mejor.

Ahora soy el primero que llega a la oficina. Os sorprendería lo tarde que empiezan a trabajar las personas de mi equipo. Cuanto más tarde se empieza a trabajar es peor. Pierdes las mejoras horas del día y sales más tarde de la oficina con lo que tampoco puedes hacer otras actividades fuera del trabajo.

En fin, mi primera recomendación para tener más energía es descansar más. Y para descansar más mi consejo es levantarse y acostarse temprano.

Comida

Mi abuela Margarita hacía almendras garrapiñadas y obleas. Mi madre todavía guarda los grandes hierros con los que ponía las obleas al fuego. Hacía rosquillas con la nata de la leche que iba guardando en el congelador. Luego les ponía mucho azúcar por encima. Con la nata de la leche también nos hacía nocilla. Mezclaba la nata con Colacao y le añadía azúcar. A veces nos hacía directamente bocadillos de mantequilla con azúcar.

Mi madre, sin embargo, es más de cocinar buenos primeros platos y mucha proteína de segundo. Lentejas, garbanzos, alubias, patatas con vainas, marmitako, seguido siempre de carne o pescado como para alimentar a todas las familias que sufrieron la posguerra en España.

Mi casa está donde está mi madre. Imagino que será así mientras ella viva. Es la mejor cocinera del mundo. No porque lo diga yo. Es una afirmación objetiva. Tiene 76 años y cada año que pasa está más guapa. Parece que ha alcanzado un cierto estado Zen. Una forma de estar en el mundo discreta y dada a los demás. Ayer, me fijé en sus manos. Estaba sentada a mi lado mientras tomábamos el café. Sus manos son precisas. Son manos de una persona mucho más joven. Apenas tienen arrugas. Son blancas y suaves. Sus dedos alargados y elegantes. No ha dejado de trabajar con esas manos durante toda su vida. ¿Cuántos platos habrá cocinado a lo largo de su vida?, ¿cuántos bocados tiene un plato? Habría que darle las gracias por cada uno de esos bocados y me estaría quedando muy corto.

Hace unos años le diagnosticaron diabetes. No tiene que inyectarse insulina, pero sí tomar medicación y controlarse mucho el azúcar. Gracias a este contratiempo, cambió su dieta y ahora come prácticamente todos los días verduras orgánicas que cultiva mi padre. Ha adelgazado 25 kilos. Tiene muchísima energía comparado con otras mujeres de su edad. Una piel fantástica. Y una increíble lucidez mental.

El caso es que para el resto de la familia ha seguido cocinando esas cosas que nos chiflan a todos. Almuerzos a media mañana con panceta, morcilla, jamón ibérico y queso de cabrales. Todo regado con vino casero que hace mi padre.

El verano pasado, estuve tres semanas en casa de mis padres en un pequeño pueblo de Salamanca que se llama Lumbrales. Está enclavado en las Arribes del Duero. Una zona muy bonita que te animo a descubrir. Casi salgo rodando de allí. Un día me empecé a encontrar mal y mi mujer, que es médico, me tomó la tensión en un gesto casi rutinario de médico de cabecera. Tenía la tensión altísima. Yo lo achaco a la dieta hiperproteica e hipercalórica de esos días. Desde entonces me puse a dieta y empecé a reducir la ingesta de proteínas animales. He adelgazado 8 kilos. Todavía me hace falta bajar alguno más, pero los he perdido sin hacer ningún esfuerzo. Solo siendo más consciente de lo que como. Y aumentando la ingesta de frutas y verduras.

No te estoy diciendo que te hagas vegetariano. Pero quizás te ayude leer libros como El Plan OMD (One Meal a Day) de Suzy Amis Cameron. En él cuenta cómo hacer una transición hacía una dieta rica en vegetales. Es una solución de puro sentido común. Por su puesto, seguiré comiendo un poco de buen jamón ibérico de tanto en cuando.

Ejercicio físico

Y el tercer elemento esencial para tener energía en nuestro día a día y poder conseguir todos nuestros objetivos es el ejercicio físico.

Después del susto de la tensión alta comencé a andar todos los días hora y media. Siempre he hecho deporte, pero últimamente lo tenía un poco olvidado.

De chaval jugaba a rugby en el Hernani Club de Rugby. Llegué a jugar en la selección de Euskadi, en la española y más tarde, mientras estudiaba la carrera en Salamanca, en la selección de Castilla y León. El rugby era algo muy importante para mí. Era mi pasión. Me liberaba de todo. Me sentía completamente libre. Luego las lesiones harían que lo tuviera que ir dejando. Así que empecé a correr. He corrido dos maratones. Muchas medias maratones e innumerables carreras populares más pequeñas. No soy un gran corredor de fondo. Solo un corredor popular. Correr me venía bien. Hasta que dos hernias que tengo en la espalda me empezaron a molestar muchísimo y el médico me recomendó no correr.

Ahora ando en bici, juego al golf y sobre todo salgo a caminar una hora y media todos los días. Además de sentarme bien físicamente es una hora súper productiva donde resuelvo mentalmente gran parte de los problemas del día.

En resumen:

Madruga y acuéstate pronto, come más verduras y sal a caminar todos los días.

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